Valle II
- Daniela Quevedo

- May 1, 2020
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Gotas calientes de sudor caen sobre mis cejas y se mezclan con una lágrima singular.
–Odio esto, odio esto, odio esto– Repito bajo mi aliento, mientras pedaleo con todas las fuerzas que mis piernas flacas pueden tener. La bicicleta debajo de mi cuerpo parece tener las cadenas más pesadas que cualquier bicicleta podría tener. Me detesto por ser la última, pero no lo puedo evitar. Mientras más me canso, más lento voy.
–¡Espérenme!– Grito con enojo en mi voz.
Nadie se voltea, excepto Happy. Mi preciosa Happy. Se para y voltea su cabecita con enormes orejas y ojos que parecen aceitunas negras. Al verla, siento que mi cuerpo se recarga de energía. Si una perrita chihuahua puede correr todo esto, yo también debería poder, ¿no? Pedaleo más rápido hasta llegar a su lado, y ella comienza a correr en paralelo a la velocidad de mi bicicleta. Perdimos de vista al resto del grupo, sin embargo esto no parece tener importancia al tener a Happy junto a mi. Alrededor de mí veo árboles verdes, grandes, como si fuesen ancianos sabios protegiéndome del sol que quema mi piel pálida. Happy y yo pasamos elegantemente al lado de unos caballos que nos sonríen y hablan con alegría. Rayos de luz alumbran el camino de lodo, el cual convierte las patas de Happy a color chocolate. Y así, tan sencillamente, me sentí libre y contenta.
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