Valle I
- Daniela Quevedo

- May 1, 2020
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Mi cachete mojado se despega lentamente del asiento de piel a la vez que mis ojos se abren por impulso. El coche ha parado. Estamos enfrente de una gasolinera PEMEX, donde hay dos otros coches poniendo gasolina.
–¿Nena, qué quieres del OXXO?– Pregunta mi mamá con una sonrisa.
Me froto los ojos y bostezo mientras me estiro exageradamente. Veo a mi derecha y está mi hermano escuchando música con las cejas fruncidas, gesto que para él no significa que esté enfadado; simplemente que está concentrado.
–Una Magnum Clásica– Respondo sin pensarlo.
Mi mamá sale del coche y camina hacia la tienda con un caminado perezoso, como si le doliera mover la cadera, mientras mi papá saca la billetera para pagar la gasolina.
Me duelen las orejas. Me doy cuenta que todo el tiempo he tenido los audífonos puestos, entonces me los quito y veo fijamente por la ventana hacia ningún objeto en específico. Tan rápido como se fue, llega de vuelta mi mamá con una bolsa grande de plástico. Se mete al coche y empieza a repartir el botín.
Abro mi paleta Magnum desesperadamente, y la muerdo con delicadeza. El sabor familiar a chocolate frío se asienta en mis papilas gustativas.
–¿Listos? ¿Alguien quiere hacer pipí? Que hable ahora o calle para siempre– Dice mi papá.
Yo no tengo ganas de hacer pipí. Volteo a ver a mi hermano y sacude la cabeza diciendo que él tampoco.
Mi papá enciende el motor de la camioneta y pisa el acelerador. Al prender el coche, la canción “Cantares” por Joan Manuel Serrat comienza a sonar. El paisaje de mi ventana cambia de una foto a una pintura, con montañas y árboles de color verde y naranja.
Mi Magnum se derrite lentamente en mi mano, dejando rastros de chocolate por todos lados.
¡Espectacular! Puedo revivir ese momento con cada palabra